viernes, 7 de septiembre de 2012

"B-102 El Camionero"..... historias poco conocidas de un Canberra..

EL CAMIONERO...La Historia de 3 Hombres y un CANBERRA.
De Marcelo Siri en CANBERRAS ARGENTINOS .....

".... Viernes, ultimo día de la semana y un merecido descanso para el sábado y domingo. Habíamos tenido una semana bastante activa y como corolario se programó un operativo para todo el Escuadrón, por escuadrillas, en navegación con regulación de hora de llegada, por los cuatro rumbos cardinales y tiro en la III Br. Ae. a la misma hora. El apoyo técnico y sus petates, en un DC-3 y directo a RTA para recibirnos. De mas esta decir que, como siempre, había que aguzar los lápices y llegar a exactamente a la hora prevista, pues las gastadas posteriores podían resultar catastróficas a la hora del asado con el cual nos esperaban.
 Y así fue, todos partimos y si mal no recuerdo 11 canberras desparramados por el centro y norte del país. Navegación sin novedad, ninguno regreso por fallas y todos allí estuvimos, de acuerdo a lo programado y ninguno tiró sus bombas fuera de Santa Fe. Excelente, brillante y la superioridad; mas que contenta. Abajo todo el mundo, acondicionar los aviones, juntarnos y todos al casino. Venia la mejor parte. Éramos, al menos eso creímos, merecedores de al menos un choripan. Y no lo íbamos a dejar de lado.

 Era julio, pero hacia calor y ni hablar de la humedad. Todo un asado campechano, pero manteniendo medianamente la compostura, acorde con la época. Todo de diez. 22 pilotos, 22 navegadores, la crew del DC-3 , los mecánicos y los infaltables adicionales. Todo un equipazo, todos mirando por todos y en una armonía sin parangón y que se prolongó por decenas de años.

 Y como lo bueno dura poco, había que empezar a pensar en el regreso. A eso de las 16:00, el Jefe de Escuadrón, V,Com. Plessel, pide al brujo de turno la meteorología. Cuando llega, células convectivas por allá, por acá, por el norte, por el sur, por todos lados. “Bien, esperemos la evolución”. ½ hora y nada evolucionaba. Y así transcurrió el tiempo. Mientras tanto: “...traigan el estado de combustible de los aviones...”. Pasaron 33 años, y si mal no recuerdo, había que tener 2.400 lbs. con nivel 200 y en la vertical de Paraná. De ahí para abajo, ni hablar. A cargar combustible en donde sea. Si, en donde sea, y éste era el nuevo temita en cuestión. Reconquista solo se movía a nafta; ni una gota de JP.

 Dos aviones tenían mas o menos 2.600 y 2.800 lbs., el resto sin novedad. Resistencia, Corrientes y Goya, bajo mínimo. ¿ Cómo esta la ruta a Paraná?. “...yyyy

 todo cubierto....reportan Cb alrededor de Sta. Fe...”.

 Y el Jefe de Escuadrón toma la decisión: “...todos a los aviones, el DC3 carga lo que trajo, despega primero y nos va actualizando la ruta. Nosotros en los aviones escuchando los reportes y de a uno iremos despegando. Yo iré en el B-102 que tiene menos combustible, Maldonado viene conmigo, y Comellí en el otro; elija su navegador. Escudero, Sr...”. “... Comelli, Uds despegaran penúltimo y nosotros en ultimo lugar...solo nosotros mantendremos energía externa permanente, para no consumir combustible...cuando le dé la orden pone en marcha y se va; luego lo haremos nosotros....”

 “... La ruta esta cubierta de Fl 100 para arriba. A unas 25 mn, sobre la ruta y antes de Paraná hay Cb. Rodeándolo por el Oeste y entrando por Sta. Fe, no hay problemas..”, nos comentaba el Cap. Briend. Acto seguido comenzaron los despegues y fueron llegando a destino. Ya eran las ultimas luces y despegó Comelli. A los 10/15 minutos despegamos nosotros. Nuestro mecánico, en aquel entonces, el Cabo........., nuevo en estas lides y que creo era la primera vez que volaba en este avión. Fue quien colaboró en quitar la energía exterior, subir, cerrar la puerta, sentarse y atarse los 11 cinturones, correas, oxigeno y demás artículos que son necesarios para el asiento eyectable, y todo esto en el tiempo de meterse a la pista (estábamos en el borde de ella) y despegar, digamos 2 minutos. Mientras lo hacia, lo miraba de reojo y me dio la impresión en varias oportunidades, que se estaba atando mal. En el momento del despegue le pude quitar los pines del asiento y que sea lo que Dios quiera.

 Las bases de la nubosidad ya estaba bajando y nosotros subiendo tratando de salir por encima de ellas. 200, 220,260 y en los 280 salimos, pies más pies menos. De todas maneras, mas alto menos consumo, en eso estábamos acertados. Y nuevamente nos metimos en la capa, pero allí seguimos; siempre sobre la colorada. Estábamos en contacto con la TWR PAR, manteniéndolos informados. Ya todos habían aterrizado. Nos esperaban a nosotros.

 -“... Sr, dentro de 3 minutos vamos a hacer un viraje por la derecha a rumbo 240° y así rodeamos el Cb...”. “...Bien..” .

 -“... Sr. Viraje por la derecha a 240°”. Silencio.

 -“... Sr. Por la derecha, que lo tenemos al frente...”

 -“... Se ve bien por este nivel, voy a seguir porque veo claro, la nubosidad esta flojita, como algodón...”

 No deben haber pasado mas de 3 minutos y toda claridad que irradia el volar entre las nubes, se transformó instantáneamente en negro. Negro absoluto, y le pegué el grito a PAR:

 -“... ¡ Nos metimos en el cumulus nimbus ¡ “, y adiós con las comunicaciones.

 -“... ¡ URGENTE ABAJO ! ”, le ladré a mi jefe y lo hizo reduciendo la potencia.

 Imagínense una caja de zapatos con piedras adentro y sacudidas violentamente. Bien, la caja era el avión y las piedras éramos nosotros y todo lo que anduviera suelto por allí. Corte de energía total, sin comunicaciones, sin instrumentos de ningún tipo, un silencio mortal, sacudidos y dados vuelta en todos los sentidos sin ninguna contemplación. Mi compás de puntas secas, fue encontrado tiempo después debajo del asiento del piloto; ¿ cómo fue a parar alli?, no lo sé. De hecho no hirió a nadie.

 Tal era la vorágine externa e interna, allá, a unos siete mil metros, que pensé en una eyección como solución. Pero instantáneamente me dije: NO, si el paracaídas se abre, llegaríamos cascoteados al suelo y con la seda hecha un colador. Poquísimas probabilidades de llegar entero. Estábamos en medio de la torre, el chorro descendente y turbulento nos tiraba para abajo de cualquier forma y el gran Vice. luchando por mantener el animal mas o menos estabilizado.

 El único instrumento que quedo funcionando, fue el radio altímetro. Instrumento chiquito y que brillaba mas que nunca. El fiel giraba como ventilador, y era lo que me daba la certeza que bajábamos a velocidad vertiginosa. Me daba la impresión que saltaba de 5.000 en 5,000 ft.

 20 , 15 , 10 , 5 , 2 , 1.000 ft. y a los 800 y algo de ft., el jefe logro estabilizarlo y salimos volando como Dios manda a unos 700 ft. , dando motor suavemente. Estos dos buenos muchachos, nunca se detuvieron, a pesar del hielo el diluvio de agua. El avión propiamente dicho, y contrariamente a mis pensamientos que se partiria en mil pedazos; tenia todo lo que debía tener. Y por lo que sentía, respondía de mil maravillas.

 ¿ Y ahora ? ¿ Por donde andamos ? ¿ De que lado del Paraná estamos ?, y en estos momentos surgen las preguntas más insólitas. Intercomunicador, no teníamos. Y a los gritos le preguntaba al jefe si podía volar..... No escuchaba nada, pero seguíamos volando. De un lado para otro. Buscando una referencia, una ciudad, algo. El ignoraba si nosotros estábamos o no estábamos, si respirábamos o no. Nada.

 En un trozo de papel que encontré por ahí, le pude escribir que pusiera rumbo 270°, encontrara el río y fuera hacia el sur. O encontraba Paraná o encontraba Rosario. Se lo quise pasar, pero no hubo caso. Lo que sí, note que se iba de un pueblo a otro, de luces de pueblos a otra. No sé cuanto tiempo volamos de esta manera. Hasta que haciendo un nuevo intento por VHF, salió al aire mi amigo Briend. Había escuchado mi único llamado allá arriba. Y se mantuvo en vuelo en la vertical de Paraná, como retransmisor y desgañitándose de tanto llamarnos.

 - “...¡ NEGRITO! ¿ Están bien, donde están?. “.........Bien gracias, aun estamos volando..” y le relate somera y velozmente la situación.

 - “... en este momento estamos girando en un pueblo, pero es muy chico. No sé que es. Espera que agarró para otro lado...”

 -“ ... éste es grande, muy grande, pero de no es Paraná. ¿ Cómo me escuchas ?. Bajo pero te entiendo.

 -“... Estamos volando paralelo a una ruta al lado de la ciudad, como si fuera una inicial, me parece que intenta aterrizar...”

 -“... Cantame el combustible...”

 - Estirándome para ver los liquidometros: “... cero el 1, 150 el 2 y 100 el 3...”, le conteste. A ese nivel el consumo es de unas 110 lbs. por minuto. No quedaba para mucho y de hecho el intento de aterrizaje en la ruta, era sí o sí.

 -“...Estamos entrando en básica..” “.... Pasame el combustible..”

 - “... cero el uno,unas 50 el dos y cero el tres...” ¡ Luz ámbar del motor 1 encendida !. “... entramos a final. Ahí esta parpadeando la del 2...”.

 Y no hablé más. No sé si me siguió llamando y no lo escuchaba, o si se perdió definitivamente la comunicación. Lo que sí sé, que fue para ellos el segundo fatal; habían pensado en lo peor. Se persignaron y rezaron por nosotros y no me cabe ninguna duda que estas oraciones sirvieron mucho, para salir exitosamente de lo que todavía faltaba.

 Escuche que el tren de aterrizaje comenzaba a bajar. Al avión lo sentía que estaba controlado. En la situación actual, tenia la absoluta responsabilidad de eyectarnos antes del toque; o quedarnos hasta el final. Y reflotaron mis dudas que el mecánico estuviera o no bien atado. Si bien creo que no figura en ningún manual el que hacer en esta situación; decidí no eyectarnos. No vaya a ser cosa que mi ladero no este en condiciones. Y así como salga, llegue al suelo. Grave. Y además, de funcionar todo como esta previsto, repito, no vaya a ser cosa que quedemos enhebrados en algún poste; o embutidos dentro de algún galpón o casa.

 Había algo mas, y era la absoluta confianza que le tenia al jefe. Había volado muchísimo con él. Era técnico y preciso mil por mil. Por lo tanto, como es de imaginar, y en milésimas de segundos decidí: Nos quedamos.

 - “...No toque nada, ponga las manos entre las piernas y quieto...” . Esto a los gritos y me dio el comprendido.

 Por mi parte me preparé para eyectar la cúpula; manos cruzadas, con una regla y apoyándola en la llave correspondiente. Esta determinación la tome porque, si se llega a revirar el fuselaje, no salimos, salvo a los hachazos de adentro.

 En cuanto sentí el primer toque en el suelo, accione la eyección de la cúpula. Impesionante la explosión. Los bulones explosivos explotan, pero para el interior de la cabina, y los restos metálicos se esparcen hacia el interior y todas las direcciónes. Sentí un fuerte cachetazo en las manos y en las piernas y la cúpula voló.
 Los siguientes relatos se entrelazan por relatos posteriores de mi Sr. Jefe de Escuadrón.

 - “... Cuando escuche la explosión, pensé que, gracias Dios se eyectaron ...” “... Y seguí tranquilo el aterrizaje...” .Pensó mi Jefe. Pero aun estábamos adentro y hasta el final. Todos juntos y que Dios disponga. 

 El toque fue suave. Las famosas cuchillas entrerrianas (ondulaciones), fue el lugar que nos toco aterrizar. A los saltos entre loma y loma, pero siempre sobre la ruta. Nunca nos salimos de ella. Y en el fondo de un valle, allá arriba dos luces y en sentido contrario. Plic-Plic, alta y baja, alta y baja. El buen señor camionero nos pedía que bajáramos las luces altas. No las tenemos, falta de previsión para estas eventualidades por parte del diseñador; diría algún paisano.

 Y con el ultimo chorrito de velocidad remanente y ante la inminente colisión; palanca a la derecha y atrás. El avión se salió a la derecha y levantó un poco el plano izquierdo. Este ultimo aliento de vida controlado del avión, fue suficiente para salir de la ruta y al levantar la puntera izquierda pasar por encima del camión; pero, dejándole dibujado en la cabina el formato semicircular del tanque de puntera. Este buen hombre, absolutamente anonadado, perdió totalmente el control y se fue a la banquina.

 Por nuestra parte, no nos quedamos quietos. Salimos hacia nuestra derecha, a unos 40° y deslizándonos de costado. Cruzamos la banquina y una zanja mediana y nos detuvimos a unos 100 mts. de una casa.
 
 Silencio y quietud, con las cabezas hacia el cielo por la falta de cúpula. Antes del primer movimiento, le coloque los pines al asiento del mecánico y al mío, previendo cualquier accidente involuntario. Adelante no había movimiento alguno:

 - “...¡ ¿ Señor, esta bien...? ! , le grite golpeando con la mano derecha el panel lateral. Silencio. Tres veces le repetí lo mismo hasta que apareció la mano enguantada del Jefe y con el pulgar hacia arriba.

 - “... Voy a intentar comunicarme con Paraná ...”. Nada, ninguna respuesta; mientras ya se asomaba Plessl hacia nuestros puestos.

 - “... No hay caso, debemos tener rotas las antenas.. ” , y apagué la energía y todo lo que correspondía.

 Me paré en el asiento y con medio cuerpo hacia fuera del avión, y mire como estábamos. Apoyados sobre el fuselaje, una casa cerca, la ruta a unos cincuenta metros, y no había indicios de fuego o algo por el estilo. Todo oscuro y lloviznaba muy suavemente y el terreno barroso.

 - “...Sr. me voy hasta la ruta para averiguar donde estamos...”. Silencio como respuesta. 

 Salté al plano izquierdo, me desplacé hasta el borde izquierdo del motor, ¿ Y esa lona en el tanque de puntera ?, no tenia una respuesta adecuada y salté al terreno por el borde ataque, en el mismísimo lugar de un pozo lleno de barro y clavado hasta las rodillas. Y de allí hasta la ruta. Llegado al borde del camino, veo que llegaba un señor en bicicleta, con una capa y paraguas.

 - “... Buenas noches, sentí un ruido, salí a mirar y vi el avión detenido cerca de casa... ¿ Estan bien ? ¿ Hay algún herido ?.

 - “... Gracias señor, estamos todos bien...” “...¿ Donde estamos..? ”.

 - “...Para allá a unos 5 Km esta Crespo, y siguiendo la ruta para allá esta Puigari...” ¿ Necesitan algo ?. Lo único que no tengo es teléfono, porque Crespo se queda recién sin luz.

 - “... Esta bien señor, gracias de todos modos. Regrese a su casa, cualquier cosa le avisamos.... Y se fue por el mismo lugar por donde había venido.

 Me volví al avión, me trepé al plano por cerca de la puntera y ya estaban los dos parados sobre los asientos y observándome. Les relaté lo averiguado y le sugerí al Jefe ir los tres hasta la ruta y pedirle al primero que pase que nos lleve hasta Crespo, que era lo mas cercano y además más importante que Puigari.

 - “... Disponga Maldonado, disponga; la culpa es MIA, discúlpeme. La culpa es MIA...”.

 - “... Deje de hablar bol....... Sr., que hay que hacer un montón de cosas. Tome su campera y la gorra; y bajen por este lado...” 

 Cuando bajaron al plano, escuche ruido en el puesto del piloto a algo encendido. Me volví a meter, y eran los inversores que no habían sido apagados. Corte todo y salí nuevamente, y a caminar por medio del barro y en la oscuridad hasta la ruta.

 No deben haber pasado cinco minutos y un 504 se acercaba desde Crespo. En cuanto vio a tres aparecidos en el borde del camino, los pies embarrados, medio húmedos, en un lugar insólito, de noche y calculo con cara de extraviados; no dudó y paró.

 - “... ¿ Nos puede acercar a Crespo...?

 - “... Por supuesto, suban...

 - “...Ud. se queda aquí y no deje pasar a nadie...¿ estamos ?. Le dije al mecánico. No me contesto y le coloque mi bandolera con la pistola. Estaba pálido y duro como una viga. 

 Dio media vuelta nuestro benefactor y salimos hacia Crespo. Nos sentamos atrás y yo a la izquierda. El Jefe no hablaba, solo miraba al frente. No muy lejos de allí, vimos un camión mediano, en la banquina (que es medio zanja) , con las ruedas para arriba, y un señor parado en el borde la ruta.

 - “... Pare donde esta ese señor, por favor...” .Le pidió Pessl al conductor.

 - “...¿ Hay algún herido ? le pregunto.

 - “... Estoy bien, gracias, ya me vienen a buscar. Sigan, sigan...”

 - “... Sr, ¿ La lona que esta colgada en el tanque de puntera izquierdo es de ese camión...? . Sin girar, me hizo sí con la cabeza.

 Verdaderamente una conmovedora respuesta.

 Llegamos en minutos a Crespo, totalmente a oscuras, y paramos frente a la Comisaría 1ra. El hombre de 504, nos espera para llevarnos nuevamente hasta el avión. Alli pude darme cuenta porque me dolían las manos y las tenia frías. El dorso de las dos estaban ensangrentadas, tenia restos de la explosión de la cúpula. Pessel se encargó de explicar la situación y por falta de energía tuvieron que usar un teléfono a manivela. Se comunicaron con la primera de Paraná y estos con la Brigada. El Jefe les informo dónde y cómo estábamos y se escuchó el griterío de alegría desde el otro lado del cable.

 - “... ¡ Ya vamos todos a buscarlos, no se muevan...!

 Paralelamente, y por un camino lateral, un patrullero se dirigía a verificar el motivo de una explosión escuchada en la ruta y a la altura del cruce de los cable de alta tensión, y determinar el porqué del corte de luz. Para llegar a ese punto debían pasar por lado del camión volcado. Allí pararon, igual que nosotros, y...

 - “ ... ¿ Que le paso mi amigo..? ” fue la pregunta al camionero.

 - “... ¡ Choqué con un avión...! respondió
 Y la reacción policial no se demoró, quien sabe si por conocimiento zonal, le quisieron poner las esposas y llevárselo por excesiva ingesta etílica. Y ante la defensa verborragica del buen hombre y que pareció tener una pizca de veracidad; se fueron hacia donde les relataba que, seguro, estaba el avión. Así lo hicieron, encontraron al mecánico, este les contó en dos palabras el tema, vieron de lejos a la bestia, y se volvieron al lugar de los cables de alta tensión. En realidad era la misión ordenada. Allí se llevaron la sorpresa. Los cables, cuatro, estaban cortados; y tirados sobre la banquina. La herramienta de corte tenia nombre: B-102 y los intrépidos de la maquina voladora...

 El hombre del 504 nos dejó al lado del mecánico, quien no se había movido de la misma huella en donde lo dejamos. Le agradecimos por lo que había hecho por nosotros y se alejo hacia Puigari. Debo confesar un error garrafal mío; no tuve la precaución de pedirle sus datos, o tomar la patente del auto, para agradecerle posteriormente como corresponde su hombría de bien.

 - “ ...Ya nos vienen a buscar...”, y sin ninguna expresión siguió el mecánico, quietito en su lugar.

 Allí, hice algunos comentarios y no hubo respuesta alguna. No tengo noción del tiempo que pasó, pero no fue mucho. Minutos tal vez. Hasta que:

 - “... Sr., me parece que ahí vienen...”

 Me dio la impresión, por las facciones que tenia mi Jefe, que el mundo se le venia abajo, vaya uno a saber el calibre e importancia de sus pensamientos. Que gran hombre, una palmada el hombro y me dijo en un tono un tanto tristón: Gracias.

 Y ya no hablamos mas, la caravana de autos ya se detenía, eran como veinte; y más de mil camaradas bajaron de adentro. Lógico, hasta la ambulancia vino, pensando que tendrían trabajo....

 A esta altura de las circunstancias, salvo el dolor en las manos, estaba entero; pero cuando nos empezaron a abrazar, saludar y a besar algunos zafados (para aquella época...), las rodillas flaquearon y comenzaron a repiquetear. Hasta que no les dije de todo a esos exagerados y me metí en un auto, no me pasó, y nuevamente volví a la normalidad. Al mecánico, lo tuvieron que pichicatear para que se duerma, adentro de la ambulancia y al casino. Creo que no era para tanto, pero los médicos ( que creo que fue hasta el bioquímico) se toman su margen de previsión, y por ende había que justificar el movimiento de la ambulancia.... Realmente aquellos, todos, eran profesionales de primera. Al Jefe, le hicieron tomar una pastillita, y derecho a Jefatura. Allí lo esperaban el Jefe de Brigada, Jefes de Grupo y Escuadrón. Y yo derechito a sanidad, a ver que tenia en las manos. Me anestesiaron, y aunque no lo crean, con un vaso de tinto; y entre dos y con lupa me sacaron un montón de esquirlas, me vendaron, e inmediatamente a Jefatura. Se me había ordenado que fuera, ni bien finalizaran las curaciones.

 Yo era 1er.Teniente, el entrar allí, y que lo pongan en el medio de un circulo de todos los popes de la Brigada; era para pensar: ¡ Aquí me fusilan en el acto!. Pero no. En un exagerado e innecesario gesto de bondad, mi Comandante de Aeronave, había cargado en mis hombros todo lo bueno, y en los suyos todos los errores. Este era el panorama, sonrisas para este lado y gestos adustos para el otro. Y...

 - “... Vamos al Casino, que nos estan esperando...”.Ordenó el Jefe de Brigada

 No faltaba nadie y ya estaba preparado el copetín y demás menudencias. Y en abundancia. ¿ En que momento hicieron todo esto?. Y como corresponde el gasto está a cargo de los que salieron airosos, nosotros. Pero el gran Jefe dijo no: Yo me hago cargo. Ninguna discusión.

 También debo confesar que el Jefe de los galenos, me designó un satélite. Dispuso que un medico no se moviera de mi lado, por si me declarara en algún momento de bailarín de hula-hula. Sr. ¿Se siente bien? , y así decenas de veces. Terminó el copetín y me lo llevé a cenar, donde le pregunte cuál era su problema. “A las 23:30 tengo pasaje para Bs. As ”. “ No te hagas problema, terminamos, te llevo en el auto a la terminal y me voy a dormir a mi casa ”. Y así lo hice.

 Estaba solo, mi familia se encontraba en Bs.As. Aparentemente ese viernes fatídico había finalizado, pero con suerte. Temprano por la mañana, tomé mi renoleta y me fui al lugar del accidente a recoger la cartera de navegación. Allí me enteré del tema de los cables, que los cortamos limpiamente sin que haya variado la trayectoria de aterrizaje,quedaron estampados en el fuselaje un par de latigazos de los cables, detalles del camionero, del ancho de la ruta, que en ningún momento el avión se salió de ella hasta el momento del choque, que solo habíamos barrido la pata delantera y plegado el principal derecho, y lo que hizo helar la sangre fue que si Plessel hubiera hecho exactamente la misma maniobra, para no embestir frontalmente, pero hacia la izquierda; habríamos eludido igualmente el choque. Pero durante el desplazamiento lateral por el campo, nos hubiera llevado a quedar abrazados, en alguna de las columnas de cemento de alta tensión, de metro y medio de diámetro. Si eso hubiese sucedido, otra seria la historia que estaría relatando; o no.

 Regrese al casino, y al Oficial actuante le pregunte si podía ir a Bs. As. en un G II, y que el día siguiente regresaba nuevamente en el mismo avión. No quería que mi mujer se enterara por los diarios, prefería contárselo yo.

 Toque el timbre de la casa de mis suegros, mi mujer abrió la puerta, me vio las manos, y:

 - “... ¡ Que pasó...! ¡ Chocaste el auto...! ”

 - “... ¡ Nó..! ¡ Casi nos matamos en un avión... !

 - “... ¡ Hayyy, pobrecito... !

 El domingo no fue el avión a buscarnos, la Fuerza Aérea había detenido toda la actividad aérea. El Presidente de la Nación estaba muy grave. Sobre el accidente casi ni se publicó por esta causa.

 El lunes 1 de Julio de 1974 fallece el Gral. Perón......"

  VICECOMDORO NAVEGADOR MILITAR HUGO A. MALDONADO

 
 
 
 
fotografias: Marcelo Garay- Martina Guemes.
Agradezco al sr GABRIEL FIONI, por permitir mostrarnos parte de nuestra historia reciente en el Museo Nacional Malvinas en la ciudad de Oliva, provincia de Còrdoba.

Asimismo al Sr MARCELO SIRI, por dejarnos este relato de uno de los mejores momentos de nuestros aviadores militares y demostrar que realmente en nuestra Fuerza Aèrea existen personas que realmente valen la pena

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